Una visión holística de la salud

14/9/2011 a Blog

 

La medicina clásica, con su visión mecanicista, contempla el ser vivo como una máquina, como un sistema de relojería y por eso elabora métodos y teorías que piensa que son mejores que los recursos naturales.

La medicina clásica no se ocupa sino de los resultados últimos de la enfermedad: de ella no ve sino los cambios finales, materiales. No concibe la verdadera naturaleza del hombre. Al hablar del hombre sólo se entretiene en sus tejidos. Los cambios orgánicos son para ella TODA la enfermedad. En efecto, proclama que la enfermedad es algo que existe sin una causa. No admite sino lo que revelan sus sentidos: lo que palpa con sus dedos y ve con sus ojos. El microscopio alarga sus dedos o refina su tacto y los resultados patológicos que el cristal de aumento pone en evidencia son considerados para ella como el comienzo y el fin de la enfermedad, como resultados sin antecedentes, como hechos materiales sin causas inmateriales…
Continúa creyendo que, por ejemplo, una hernia discal que aparece en una resonancia es, en sí misma, la enfermedad, cuando en realidad sólo se trata del resultado de un proceso que se inició mucho antes y en cualquier lugar del organismo. La enfermedad primaria, el desequilibrio, compromete la llegada de oxígeno y de nutrientes y, a su vez, la eliminación de productos de desecho al área de los discos intervertebrales de una región, lo cual acaba en su rotura y hernia.

Cuando después de una endoscopia y biopsia del estómago detecta el Helicobacter Pylori, cree que todo el problema es causado por esta bacteria cuando en realidad el problema radica en el hecho que el organismo está debilitado, en desequilibrio, y permite que el Helicobacter se convierta en parásito.

Cuando en un análisis detecta que el colesterol está más elevado que los valores considerados normales prescribe una medicación para bajarlos, sin entender, sin saber cómo averiguar la razón por la cual ha aumentado la producción de esta sustancia elaborada normalmente por el hígado.
Pero la homeopatía se da cuenta que algo antecede a este resultado. Toda ciencia enseña y toda investigación prueba que cada cosa que existe debe de su existencia a algo anterior a ella. Solamente en este camino puede ligarse el efecto a la causa, formando una serie que va desde el principio hasta el fin y vuelve de éste al principio. Por este medio, podemos llegar, no a presumir, sino a comprender este estado de cosas con completo conocimiento de causa.

La fuerza vital es la esencia, aquella energía presente ya desde el momento en que el nuevo ser es concebido, permite su desarrollo, crecimiento y lo orienta permanentemente a buscar estados de orden alejados del equilibrio absoluto, que le permiten vivir de acuerdo con la naturaleza. El organismo vivo, cada una de sus partes y la totalidad en conjunto “sabe” qué es lo que tiene que hacer en cada momento y en cada situación, no necesita que nadie ni nada se lo diga, actúa de forma coordinada integrando cada una de sus células en el todo y a éste con cada una de ellas. De otro modo no se puede entender que los organismos vivos funcionemos de una manera tan perfecta. El organismo sabe, como ejemplo, cuánta insulina secretar, cuánto colesterol fabricar, si el calcio tiene que estar en el hueso o ser eliminado por el riñón, si el corazón tiene que latir a tal o ritmo o a tal otro, si tal sustancia tiene que ser eliminada, conservada o transformada químicamente en otra, etc. Por esta razón, la medicina impositiva, la medicina que trata de imponer conductas al organismo con fármacos o cirugías, acaba enfermándolo todavía más.

“La naturaleza de la enfermedad existe en el estado de gobierno desordenado y se expresa por signos y síntomas.”

Nota: los síntomas, los cambios físicos, el dolor, son expresiones de un desequilibrio. La solución pasa no para eliminarlos sino por encontrar la causa del desorden y facilitar la autoorganización.
“Si creemos que un órgano enfermo, por sí solo constituye la enfermedad, necesariamente creeremos que sacando el órgano curaremos el hombre. Tal es la reducción hasta el absurdo, puesto que nada existe sin causa. Los órganos no son el hombre.”

La medicina clásica se ha vuelto cada vez más reduccionista, el ser humano es contemplado simplemente como la suma de partes, por eso la proliferación de especialidades y de subespecialidades médicas. La biología molecular y la genética son la expresión máxima actual de este reduccionismo. La mayoría de las escuelas psicológicas mantienen la división reduccionista entre mente y cuerpo, introdujeron el concepto psico-somático pero no comprenden en realidad la profundidad de su interacción. La medicina clásica cree que si los estudios de laboratorio y de diagnóstico por imágenes dan resultados dentro de los rígidos parámetros resultantes del estudio de poblaciones relativamente pequeñas que se extrapolan al conjunto de la humanidad, el individuo está sano, sin importarle que esta persona no lo sienta así. Cuando los estudios dan resultados fuera de estos parámetros “normales”, considera que la persona requiere tratamiento aunque se sienta perfectamente bien.
El ser humano no es la suma de partes; las partes interactúan, se necesitan las unas a las otras. La mente no está separada del cuerpo. Las emociones, los sentimientos, las sensaciones, no sólo están en el cerebro sino también en el hígado, en los músculos y en cada una de las células. A su vez, cada una de estas partes influyen sobre las otras, creando un movimiento continuo de información, de estímulos y de respuestas. El ser vivo es el resultado del conjunto de esta materia y de esta energía que interactúan. El estado de salud es el estado de bienestar en la vida.

Sobre la curación

“Para la medicina clásica la curación gira entorno a la idea de la desaparición del estado patológico. Por ejemplo: en una erupción cutánea determinada, su desaparición; en el caso de hemorroides, su extirpación; en el caso de estreñimiento, la evacuación; en el de una afección circulatoria grave del pie, su amputación; o en el caso de una enfermedad aguda bastaría con  que el enfermo sobreviviera a ella.”

“El concepto es el de restablecer la salud y no solamente eliminar los síntomas. La supresión de síntomas no equivale a devolver por completo la salud al hombre enfermo. Si después de la desaparición de los síntomas el individuo no se siete completamente restablecido en su salud, esto no puede denominarse una curación. El paciente tiene que sentirse recuperado en su salud a medida que desaparece un síntoma. Tiene que experimentar una mejora interna cada vez que desaparece un síntoma externo, lo cual ocurre cuando verdaderamente la enfermedad ha sido curada y en ninguna parte de esta se restablece el orden; o dicho de otro modo, la reducción de la entropía del sistema, el restablecimiento del orden, alejado del equilibrio absoluto, es el camino de la curación.”

 

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